miércoles, 31 de julio de 2013

—Eres diferente —dijo.
Viniendo de él, no sabía como tomárselo, si como un cumplido o un insulto.
—Ya me había dado cuenta —se limitó a contestar, se abrazó las piernas y apoyó la barbilla sobre las rodillas; sus ojos oscuros recorrieron la copa de los árboles que se extendían como un manto delante de ella.
—¿Ah, sí? —añadió él. 
Pudo escuchar el sonido de sus pisadas sobre la hierba, acercándose. El vello de su nuca se erizó, como si detrás de ella hubiese un animal salvaje en vez de una persona. Aunque pensándolo bien, tal vez su sexto sentido no iba del todo mal encaminado.
Lanzó un suspiró y se forzó a no dejar de mirar el paisaje. Intentaba ponerla nerviosa —y lo estaba consiguiendo—, pero no tenía por qué dejarle saber eso.
—Si no fuera diferente, no estaría aquí ahora mismo, ¿no crees?
El sonido de su risa casi la hace saltar del sitio. ¿Se estaba riendo de ella? Eso la enfureció y confundió a la vez. Pero lo que más la confundía era el simple hecho de que él riera. No sabía que supiese cómo hacerlo.
—Tal vez tengas razón.
—¿Tal vez? —repitió, esta vez se permitió alzar la cabeza para mirarle. Y al igual que la primera vez que se habían conocido, su atractivo la dejó sin aliento durante unos instantes. Nadie podía ser tan guapo. Tal vez él era alguna especie de ángel, aunque con esa personalidad le pegaba más ser un demonio—. Ninguna persona normal aguantaría contigo más de cinco minutos.
Él enarcó una ceja y se inclinó hacia ella, que tuvo que luchar contra el impulso de retroceder.
—Eres bastante hiriente.
—Es parte de mi encanto personal.
Volvió a reír, y esta vez ella pudo verle. Si el simple hecho de mirarle la atontaba, mirarle mientras se reía surtía un efecto mil veces más devastador; sentía el corazón latir frenético en su pecho, las manos le picaban ansiando poder alcanzar uno de sus mechones de largo cabello para comprobar si era tan suave como parecía y sentía como le ardía la cara por culpa del rubor. ¿En qué momento se había convertido en una niña enamorada? Él la estaba mirando con una media sonrisa en los labios. Sabía el efecto que tenía sobre ella y estaba disfrutando cada segundo.
—Creo que parte de mi sentido común ha vuelto —susurró en voz muy baja, poniéndose en pie—. Me voy.
Él no dijo nada, dejó que se sacudiese los pedazos de hierba de la ropa y se alejase de él antes de decir:
Quédate.
Ella se quedó petrificada. ¿Por qué aquello había sonado como una súplica a sus oídos? Se volvió a medias, lo suficiente para poder mirar su perfil. La sonrisa había desaparecido y volvía a tener el ceño fruncido y la mirada vacía de siempre.
—¿Has dicho algo?
Él la miró fijamente, molesto.
—Ya me has oído.
—No, no lo he hecho.
Le pareció que mascullaba, en voz lo suficientemente baja como para que ella no pudiese entender lo que decía. Tampoco estaba segura de querer hacerlo.
—Quédate —repitió.
Ella sonrió abiertamente. Así que no era la única afectada. Se acercó lentamente, balanceando los brazos, dejándole saber que iba a disfrutar de aquel instante de gloria.
—No es como si tuviese un lugar al que ir de todos modos.
No es como si hubiese querido irse desde un principio. Pero eso era algo que solo ella sabría.


Fragmento de el libro que estoy escribiendo.

La gente que no lee pregunta que es tan bueno de hacerlo cuándo puede se salir todos los días a la calle a divertirte. Yo les pregunto a ellos: ¿qué es tan bueno de salir todos los días a la calle para terminar haciendo lo mismo una y otra vez? Porque sabéis que termináis haciendo o diciendo lo mismo.
Con esto, no quiero decir que las personas que leemos estemos siempre con la nariz pegada a un libro. Aunque os parezca difícil de creer, nosotros también tenemos amigos con los que salir de vez en cuando. 
Repito: de vez en cuando.
Porque creo que quedarnos en casa un par de días, debería ser obligatorio. Así que, creo que deberías probar a pasar una tarde en vuestro cuarto, sin nadie que os moleste, e intentar leer un libro. Es cómo viajar a un mundo paralelo en el que tú no eres tú, ni tus padres son tus padres, ni tu hermano es tu hermano. Personalmente, para mí leer significa liberación. Por unas horas, soy capaz de quitarme los grilletes que me atan a la pura y dura realidad y puedo volar o matar demonios, o ser una princesa o simplemente una adolescente con problemas con su novio.
No pido que lo entendáis, solo que lo intentéis. Y después, podréis discutir sabiendo de lo que habláis.



Yo pienso en la felicidad como en un unicornio. Es posible que nunca la encuentre, pero no por eso voy a perder la esperanza.
Cuando amas vas a salir herido, antes o después. Pero puedes elegir entre curarte las heridas tú solo o dejar que alguien lo haga por ti.