miércoles, 23 de julio de 2014



Hola. Sí, no estás leyendo mal, soy yo y he vuelto. ¿Qué hace cuánto que no escribo? ¿Meses, quizá? Seguramente, la mayoría de vosotros ya me habréis olvidado, pero aquí estoy. Y vengo dispuesta a retomarlo donde lo dejé. Tengo noticias que puede que no os interesen lo más mínimo, pero que voy a contar de todas maneras: he decidido tomarme un año para hacer lo que me apasiona, escribir. Tal vez falle, tal vez no. Tal vez las cosas no salgan como yo quiero, pero ¿alguna vez lo hacen? Así que me he propuesto a mí misma intentarlo, a pesar de los contras. Para mí, esta oportunidad es como un soplo de aire fresco. Estos últimos dos años los he pasado francamente mal y la verdad es que, por una vez, quiero ser egoísta y ponerme a mí por delante de los demás. Espero que me deseéis suerte, si es que todavía queda alguien ahí que lea este blog abandonado.

Os quiere (a pesar de lo a menudo que os abandona), Nyssa.


sábado, 22 de marzo de 2014


Parpadeó varias veces, como si acabara de despertar de un largo sueño, y volvió a mirarle. Le observó con nuevos ojos, unos ojos brillantes repletos de lágrimas sin derramar, y esta vez le vio. Vio su verdadero yo y no le gustó. Y entonces recordó todas y cadas una de las veces en las que le habían prevenido sobre este preciso momento y lo estúpida que había sido ella negándolo una y otra vez. “Él no es así”, se oyó a sí misma decir, revocando ecos de conversaciones pasadas, “ha cambiado”. Lo había defendido, convencida de la verdad en sus palabras, y se había equivocado. Otra vez.
Cerró los ojos con fuerza y se mordió con tanta fuerza el labio inferior que pronto sintió el sabor de su propia sangre en la lengua. Situaciones como aquella le recordaban por qué evitaba atarse a los demás, por qué no dejaba que la gente se le acercara demasiado. Cuando le abres tu corazón a una persona le das el poder para destruirte, confiando en que no lo hará. Lamentablemente, todos a los que ella había entregado la llave de su corazón habían acabado por reducirlo a cenizas. Debería haber aprendido la lección, pero algo en lo más profundo de su alma se había aferrado a la ridícula posibilidad de que alguien podría quererla a pesar de estar rota, de ser diferente, rara, anormal. Ahora, después de un herida más, esa esperanza se había apagado y se sentía más vacía que nunca.
Se levantó del banco y todos los ojos se posaron en ella. Algunos la miraron con comprensión y lástima, otros con frialdad y desprecio. Y a pesar de lo mucho que odiaba llorar, lo mucho que despreciaba demostrar tal debilidad, no pudo evitar que una maldita y traicionera lágrima se deslizara por su mejilla. Se la enjugó con rapidez, pero el daño ya estaba hecho. Alguien la abrazó y después cayó en otros brazos diferentes, y poco después en otros. Algunos le susurraron palabras reconfortantes, otros se mantuvieron en silencio y la estrecharon con mucha fuerza, como si así pudiesen deshacerse de parte de su dolor. Pero la vida no es tan fácil y ella sabía que el nudo que sentía en la boca del estómago en aquel momento permanecería ahí por una larga temporada. Se sentía traicionada y muy decepcionada, y ella no era de las que olvidaba. Se conocía lo suficiente para saber que, aunque las cosas se arreglasen entre ellos —cosa que dudaba muchísimo—, nada volvería ser como antes. Y ese hecho dolía tanto que sintió ganas de echarse a llorar como si tuviese tres años.
Se peinó el pelo con los dedos y se colocó de nuevo su gorro de lana. Se forzó a esbozar una pequeña sonrisa y les aseguró a sus amigos que estaría bien, lo que no era del todo mentira. Volvería a estar bien en algún momento, o eso quería creer. Él y los demás, apoyados en una pared lo más alejados posible del otro grupo, ni siquiera se giraron para mirarla y mucho menos se despidieron de ella. “Ni siquiera se han molestado en preguntarte qué diablos te pasa, ¿y esperas qué se despidan de ti? No seas ingenua y camina. Endereza los hombros, alza la cabeza y aléjate de aquí”, le espetó su orgullo, que se removía inquieto en un rincón de su mente.
Y así lo hizo. Caminó dando zancadas largas y seguras, con la espalda recta y la barbilla bien alta, fingiendo una compostura que no tenía, cuando en realidad lo único que quería hacer era correr hasta casa, encerrarse en su habitación y no volver a salir de ella jamás.

viernes, 14 de febrero de 2014

¡Deseadme suerte con el concurso!


Te quiero, pero tú no lo sabes; y lo más probable es que no llegues a saberlo nunca —ya que no tengo ninguna intención de entregarte esta carta—, sin embargo he decidido, tras mucho meditarlo, que plasmar por escrito lo que siento no le hará daño a nadie, ni siquiera a mí.

Tú ni siquiera sospechas mis sentimientos, no tienes ni idea de lo que provocas en mí con una simple mirada de tus ojos azules o tu sonrisa torcida. No sabes que invades todos y cada uno de mis pensamientos, como si vivieses en mi mente y no tuvieses ninguna intención de marcharte. No sabes que te relaciono con todo y con todos, que soy capaz de vislumbrar parte de ti en el rostro de un extraño o en su manera de reír. No tienes ni la más remota idea de que recuerdo y atesoro hasta el más mínimo detalle sobre ti que has compartido conmigo. No sabes que eres el único capaz de arrancarme una sonrisa en los peores momentos de mi vida, y que siempre te estaré agradecida por ello. No sabes lo mucho que significa para mí que te preocupes por mí y que lo demuestres. 

No tienes ni idea de cuánto te quiero y yo no puedo culparte por ello. 

Nunca te lo he confesado ni te lo he dado a entender porque soy una cobarde y tengo miedo. Miedo de perder lo que tenemos, miedo de que me rechaces, miedo de que acabar herida una vez más. No es tu culpa que yo me sienta de esta manera hacia a ti. Pero tampoco es culpa mía. El corazón sigue sus propios dictados y el mío ha decidido que siempre que estés a mi lado intentará salirse fuera de mi pecho, y yo ni puedo ni quiero evitarlo. Tal vez algún día sea capaz de dejar a un lado mis miedos, armarme de valor y decirte en voz bien alta todo lo que hoy solo he sido capaz de escribir en esta carta. Pero hasta que llegue ese día me conformaré con tenerte a mi lado y beber de tu risa, disfrutar con la sensación de calor que tus miradas dejan en mi piel. Me conformaré con quererte y no perder la esperanza de que tú también puedas llegar a sentir lo mismo por mí. 

Siempre tuya, Nyssa.



martes, 11 de febrero de 2014



Antes que nada, quiero decir que esto —aunque creo que es bastante obvio...— no es una entrada como las que suelo hacer.

La razón principal por la que escribo esto es para disculparme con los que leen y se molestan en comentar mi blog. Os he abandonado durante muchísimo tiempo y no me siento orgullosa de ello, pero os pido un poco de compresión: estoy hasta el cuello de exámenes y trabajos y el estrés no hace más que acabar con mi inspiración. Así que no solo no he tenido tiempo para escribir sino que en cuanto lo sacaba de algún sitio y conseguía teclear más de dos frases, la primera no tenía nada que ver con la segunda. No quiero prometeros que escribiré más a menudo porque tal vez no pueda cumplir mi promesa —y odio a las personas incapaces de cumplir lo que prometen—, pero sí puedo aseguraros que al menos lo intentaré.

La otra razón de ser de esta entrada es que... redoble de tambores... voy a presentarme a un concurso de literatura. Bueno, en realidad no a uno, sino a dos. Voy a escribir dos relatos cortos y enviaré uno a cada concurso —o tal vez el mismo, depende de cual me quede mejor—. Vosotros, los lectores, me habéis impulsado poco a poco hacia adelante con vuestros magníficos comentarios. Me habéis hecho recordar lo que escribir significa para mí y por ello pensé que tal vez os gustaría saber que voy a intentarlo, con todas mis fuerzas. Voy a intentar que me publiquen, voy a intentar alcanzar mi sueño y aunque tal vez no quede primera o ni siquiera lo consiga, haberme presentado me hará ganar confianza y experiencia.

Solo quería que supierais lo mucho que significáis para mí, lo mucho que aprecio vuestro interés en lo que escribo. Y como un pequeño regalo para vosotros, este día de San Valentín publicaré una carta que he escrito y he presentado para un concurso en mi instituto —sí, otro más— y que espero y os guste.

Os quiere, Nyssa.


lunes, 13 de enero de 2014

Lo mejor de estar sumido en los más hondo, es que ya no puedes caer más bajo.